Imagen errónea de la traducción
Los iniciados a la traducción actúan muchas veces como si la traducción fuera una ciencia exacta, como si existieran las correlaciones entre palabras una por una o frases de diferentes idiomas, elaborando traducciones fijas e idénticamente reproducibles, como si fuera criptografía. Este tipo de principiantes deben asumir que todo lo necesario para traducir un texto es “codificar” y "descodificar" equivalentes entre dos lenguas, utilizando un diccionario como el “libro de códigos”.
Por el contrario, esta relación fija solo existiría cuando una lengua nueva, sintetizada y unida simultáneamente al alcance de significado ya existente de una lengua, etimologías y relaciones léxicas. Si la nueva lengua estuviera posteriormente destinada a tener un uso que no sea el criptográfico, cada palabra empezaría a asumir espontáneamente nuevos matices de significado y se desprenderá de asociaciones previas, de modo que se vicien de cualquier sincronización artificial. Por lo tanto, la traducción requeriróa las disciplinas descritas en este artículo.
Otra idea equivocada es la de que cualquiera que hable una segunda lengua pueda hacer una buena traducción. En el ámbito de la traducción, se suele aceptar que las mejores traducciones las hacen personas que traducen a su propia lengua materna, ya que no es lo normal que una persona que haya aprendido una segunda lengua, tenga una fluidez total en ese idioma. Un buen traductor entiende bien la lengua de origen, tiene una experiencia específica en la materia que trata el texto y es un buen escritor en la lengua de destino. Además, no solo es bilingüe, sino también bicultural.
Se ha debatido mucho sobre si la traducción es arte u oficio. Traductores literarios como Gregory Rabassa en If This Be Treason (La traición de la traducción), defienden que la traducción es un arte – un arte enseñable. Otros traductores, la mayoría técnicos, comerciales y jurados, consideran su trabajo como un oficio, también enseñable, sujeto a análisis lingüísticos, que se beneficia del estudio académico.
Como con otras actividades, la distinción entre arte y oficio puede ser en gran parte cuestión de grado. Incluso un documento que parezca sencillo, por ejemplo el folleto de un producto, requiere cierto nivel de habilidad lingüística que va más allá de tan solo una terminología técnica. Cualquier material con fines de marketing refleja a la compañía que fabrica el producto y el folleto. Las mejores traducciones se obtienen a través de una combinación de aplicar una buena terminología técnica y una habilidad de escritura.
La traducción ha servido como escuela de escritura a muchos escritores importantes. Los traductores, incluyendo los primeros traductores europeos de la edad moderna que tradujeron la Biblia, en el transcurso de su trabajo han dado forma a todos los idiomas hacia los que traducían. Han actuado como puente para hacer llegar el conocimiento y los conceptos entre culturas y civilizaciones. Junto con los conceptos, importaron a sus propias lenguas préstamos y calcos de estructuras gramaticales, modismos y vocabulario desde los idiomas de origen.