Fidelidad vs. transparencia

La fidelidad y transparencia son dos cualidades que, desde hace mucho, se han observado como ideales a tener en cuanta en la traducción, particularmente en la traducción literaria. Estos dos ideales se suelen encontrar en contraposición. De este modo, un crítico francés del S. XVII acuñó la expresión “les belles infidèles” para sugerir que las traducciones, como las mujeres, pueden ser o bien fieles o hermosas, pero nunca las dos a la vez.

Fidelidad significa que la traducción ofrece de la manera más precisa el significado del texto de origen, sin añadir ni suprimir, sin intensificar ni atenuar ninguna parte del significado, y sin embargo sin distorsionarlo.

Transparencia significa que la traducción parece haberla escrito originalmente un hablante nativo de la lengua de destino en su idioma materno, y se ajusta a sus convenciones gramaticales, sintácticas y fraseológicas.

Se dice que una traducción que cumple el primer requisito es una “traducción fiel”, una traducción que cumple el segundo requisito es una “traducción idiomática”. Las dos cualidades no son necesariamente excluyentes entre sí.

Los criterios utilizados para medir la fidelidad de una traducción varía de acuerdo con el tema, la precisión del contenido original, el tipo, función y uso del texto, sus cualidades literarias, su contexto social e histórico, etc.

Los criterios utilizados para medir la transparencia de una traducción son más sencillos: Una traducción no idiomática “suena mal”, y en el caso extremo de traducciones palabra por palabra que generan muchos sistemas de traducción automática, muchas veces resultan un sinsentido evidente con tan solo un valor humorístico (ver “traducción de ida y vuelta”).

No obstante, en algunos contextos, un traductor puede elaborar conscientemente una traducción literaria. Los traductores literarios y religiosos de textos históricos a menudo se adhieren todo lo posible al texto de origen. De este modo, a menudo extienden los límites de la lengua de destino deliberadamente para producir un texto no idiomático. Igualmente, un traductor literario puede desear adoptar palabras o expresiones de la lengua de origen para proveer de un "color local” a la traducción.

En las últimas décadas, a los notables partidarios de esta “no transparencia” en la traducción se ha unido el erudito francés Antoine Berman, que identificó doce tendencias deformantes inherentes a la mayoría de traducciones de prosa, y el teorizador norteamericano Lawrence Venuti, que animó a los traductores a aplicar estrategias de “extranjerización” en las traducciones en lugar de la adaptación.
Schleiermacher

Muchas teorías de traducción que abogan por la no transparencia recurren a conceptos del Romanticismo Germánico, la influencia más obvia en las teorías más recientes de “extranjerización” es la del teólogo y filósofo alemán Friedrich Schleiermacher. En su conferencia original de 1813 “On the Different Methods of Translation” (de los diferentes métodos de traducción), distinguió entre métodos de traducción que “acercaban el escritor al lector”, por ejemplo: la transparencia; y los que acercaban el lector al escritor, por ejemplo: una fidelidad extrema a las características extranjeras del texto de origen. Schleiermacher estaba claramente a favor del último enfoque. Sin embargo, el motivo de su preferencia, no se debía tanto a un deseo de acoger lo extranjero, como a un deseo nacionalista de oposición al dominio cultural francés y de promover la literatura alemana.

En su mayor parte, las costumbres occidentales de traducción están dominadas por conceptos de "fidelidad" y "transparencia". Esto no siempre ha sido así. Ha habido periodos, especialmente en la Roma pre-Clásica y en el siglo XVIII, cuando muchos traductores se salían de los límites de la traduccíón en sí para adentrarse en los dominios de la adaptación.

La costumbre no occidental, en la traducción adaptada, es mantener las correspondencias. Así pues, en la epopeya hindú, el Ramayana aparece en muchas versiones en las diferentes lenguas hindúes, y las historias cambian de una a otra. Si se tiene en cuenta las palabras que se usan para traducir a las lenguas hindúes, como el Aryan o el Dravidiano, sorprende la libertad que esto garantiza a los traductores. Este hecho puede deberse a la devoción por pasajes proféticos que tocan un profundo sentimiento religioso o a la vocación de instruir a los no creyentes. Encontramos ejemplos parecidos en la literatura medieval cristiana, la cual adaptaba el texto a las costumbres y valores de los lectores.