Traducción automática

La traducción automática es un proceso por el cual un programa informático analiza un texto de origen y produce un texto sin intervención humana. La realidad es, sin embargo, que la traducción automática si que suele involucrar la intervención humana, en cuanto a la pre-edición y a la post-edición. Una excepción a esta norma podría ser, por ejemplo la traducción con especificaciones técnicas (términos y adjetivos técnicos), usando un sistema de traducción automática basado en dicionarios.

Hasta la fecha, la traducción automática (objetivo primordial del procesamiento del lenguaje natural) ha obtenido escaso éxito. Un ejemplo del 6 de noviembre de 2007 nos muestra los riesgos de una confianza excesiva en las traducciones automáticas.

La traducción automática ha llegado a un público muy amplio gracias a herramientas disponibles en Internet, como Yahoo! Babel Fish, Babylon y StarDict. Estas herramientas producen una “traducción esencial”, una traducción aproximada que con un poco de suerte ofrece lo esencial del texto de origen.

Con un trabajo terminológico adecuado, con la preparación del texto de origen para la traducción automática (pre-edición) y con una revisión de la traducción automática por un traductor humano profesional (post-edición), las herramientas de traducción automática del mercado pueden dar resultados útiles, especialmente si al sistema de traducción automática se le integra una memoria de traducción o un sistema de gestión de globalización.

En cuanto a textos con un limitado abanico de vocabulario y una estructura sintáctica simple, como por ejemplo las previsiones meteorológicas, la traducción automática puede ofrecer resultados que no requieran una intervención humana. Además, el uso de un lenguaje controlado, combinado con una herramienta de traducción automática, normalmente generará traducciones comprensibles.

Confiar exclusivamente en una traducción automática sin editar, no tiene en cuenta el hecho de que en el lenguaje humano hay que tener en cuenta el contexto y que se necesita una persona para comprender el contexto del texto original con un grado de probabilidad razonable. Es verdad que incluso las traducciones generadas íntegramente por personas son propensas a errores. Por lo tanto, para asegurar que la traducción automática sea útil para las personas y que se logre una calidad publicable en la traducción, deberán ser revisadas y editadas por una persona. El difunto Claude Piron escribió que la traducción automática, en el mejor de sus casos, automatiza la parte más fácil del trabajo de traductor, la más dura y la que más tiempo lleva normalmente implica una amplia investigación para resolver ambigüedades en el texto de origen, que las exigencias gramaticales y léxicas del texto de destino necesitan resolver. Esta investigación es un paso previo necesario a la pre-edición ya que proporciona una entrada de datos en el software de traducción automática para que la salida no resulte sin sentido.